La web se publicó, quedó bien y nadie la volvió a tocar. Es el patrón más habitual en pymes: la web existe pero nadie la mantiene porque "funciona". Hasta que deja de funcionar.
Los síntomas son lentos al principio: la web tarda más en cargar, algún formulario deja de enviar, los plugins desactualizados generan avisos que nadie revisa. Después llegan los problemas graves: una vulnerabilidad explotada, la web caída sin saber por qué, el hosting suspendido por actividad maliciosa o Google marcando la web como insegura.
La mayoría de estos problemas no ocurren de golpe. Se acumulan durante meses de inactividad. El mantenimiento web continuo los detecta antes de que se conviertan en una crisis que paraliza el negocio.